Desde épocas muy tempranas en nuestras vidas, asociamos el bingo con un juego familiar que se ponía sobre la mesa en cualquier día lluvioso. Crecimos jugándolo e incluso hasta lo jugamos con nuestros abuelos. Es un juego fácil y divertido que puede ser jugado por personas de todas las edades.

De ahí el éxito de las salas de bingo actuales y la gran acogida del público que tienen.

Obviamente cuando nos referimos a juegos por dinero deben ser respetadas las restricciones de edad de cada ciudad o país que en general rondan entre los 18 y 21 años de edad.

Pero, de todos modos, a la hora de hablar del bingo, no podemos dejar de pensar en la similitud que existe entre este juego y la lotería tradicional de la cual podemos comprar billetes, los populares décimos de la suerte.

En el bingo habitual de hoy en día hay cartones con 24 números diferentes y un espacio libre en el centro, aunque desde hace ya algunos años estas tradicionales tarjetas se representan en la pantalla de nuestra PC.

Se gira un bolillero con 75 bolas numeradas de forma consecutiva, las que van cayendo una a una al azar.

El número de la bolilla seleccionada se canta a los participantes, quienes van marcando si tienen coincidencia con los números que haya tocado en su tarjeta, virtual o cartón de bingo.

Gana quien completa una línea vertical, o como lo designe la casa de apuestas en la que se esté jugando.